Qué esconde la danza árabe

Similar al yoga, esta práctica corporal ha sido masificada, estereotipada y condenada por la sociedad.

La pregunta que hay que hacerse es… ¿por qué?

La danza del vientre, danza árabe o el “belly dance”, como es conocida en inglés, tiene múltiples beneficios para las mujeres (y los hombres, ¡que también la practican!) tales como: fortalecer el autoestima, balancear los chakras, corregir la postura corporal, mejorar la flexibilidad, trabajar la zona pélvica y abdominal, favorecer la digestión y despertar la sensualidad, entre otros.

Ayuda a desatar y equilibrar la kundalini, aliviar el estrés, abrir la creatividad y reducir tensiones musculares.

¿En qué momento la vimos sólo como algo “bajo”, un elemento de “seducción” o “rechazo” para alimentar la mirada de un Otro? 

Este fin de semana fui a la Convención de Belly Dancing de Miami y tras varias presentaciones y las reacciones del público, me hice estas y otras preguntas.

En Latinoamérica, Shakira fue una de las cantantes que más ayudó a popularizar la danza árabe en el continente pero sus presentaciones formaban parte de un espectáculo. La práctica al igual que sus raíces libanesas-colombianas la distinguieron de otras cantantes pop-rock en la industria del entretenimiento sin embargo, esa jugada no incluía honrar la esencia de esta danza.

Entiendo que tampoco era su rol, como artista, defenderla.

Con eso dicho, son pocas las maestras de danza árabe que actualmente, respetan los orígenes “no-seductores” y más transformadores de estos movimientos corporales.

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Ante la presión porque no se pierda el interés, la mayoría de bailarinas y empresarias recurre a uno de los dos extremos: la técnica o el goce por atención.

A ser muy metódicas y escultoras de sus cuerpos que se pierde la esencia y la diversión o a ser extremadamente coquetas, ruidosas y dispuestas a apropiarse de secuencias de otras culturas sin sensibilidad alguna, todo por hacer un “show”.

De ahí que surjan estereotipos que hieren colectivamente a las mujeres que han encontrado en la danza del vientre una forma de liberación.

Creencias y comentarios como:

¿Me vas a seducir?

¿Por qué no me bailas en privado?

A ti lo que te gusta es enseñar los senos y mover el trasero.

Eres peligrosa. ¿Cuáles son tus intenciones?

Si te tienes que vestir provocadora para empoderarte, no eres feminista.

Sin duda, considero que masificar el arte lo destripó de toda emoción para la practicante y no el público espectador. La audiencia se emociona mientras más flexibilidad y más “cachondeo” se exhiba (un poco evocando el morbo silencioso que genera el burlesque).

Es en esta búsqueda de validez externa que se ha perdido la noción de que este tipo de baile permite a la mujer y al hombre empoderarse. Y es que, hasta esa palabra, ni sabemos a ciencia cierta qué significa. La han desgastado tanto que ni creemos en ella.

¿Cómo ayuda al empoderamiento? Enseñándote exactamente lo mismo que cuando aprendes a montar una bicicleta: conciencia de tu cuerpo.

Te permite adueñarte de él.

Una de las primeras lecciones y las principales que rigen el belly dancing tradicional es el movimiento del 8, número, símbolo que representa el infinito.

El abrirte a dar y recibir, mover la energía de adentro hacia afuera y viceversa, forzándote a mantener firme tu centro: el abdomen.

Activa el chakra sacro, el goce y la creatividad. Activa el chakra raíz al pisar fuerte con tus pies descalzos. Activa tu chakra del plexo solar, la voluntad y el “yo puedo”, eres merecedora de felicidad, alcanzar lo que te propongas: capaz.

La secuencia de los 7 velos es una de las más preciadas para la transformación consciente así como la danza del sable que permite destruir obstáculos y abrir paso a nuevos caminos.

Novelas como El Clon, versión brasileña y la más reciente Miami-style, centraron el drama y publicidad alrededor del belly dancing. La protagonista, si quiere al hombre, lo seduce primero a través del baile. Si es en colectivo, los hombres esperan que ella haga un show. En la recámara privada, más vale que use los vestidos de colores y los diamantes que le regalaron en una sesión de baile como parte de los preliminares a hacer el amor.

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El punto aquí es resaltar que la tentación no viene del baile, que no tiene por qué rechazar lo erótico, sino de la construcción de significados que le imprimen ciertas culturas.

Si nos remitimos a sus orígenes, encontraremos que las mujeres en Egipto,  Líbano, España, Turquía, Siria y otros países más interpretaban esta danza de maneras diferentes. En sus inicios no era un baile para hombres sino para gozarlo en círculos de mujeres. 

Hoy es difícil encontrar espacios de instrucción que no intenten objetivizar el cuerpo de las mujeres. Bajo el pretexto de “despertar a la diosa” busquen “empoderarlas”, “endosiando” sus cuerpos por lo que provocan en otros y otras. No en los beneficios que tiene la práctica para sí mismas.

“Que mejor algo que nada”,  “que no será yoga de la India pero prefiero que sea moda el yoga light y no los videojuegos”, “que la mujer aprenda a ser femenina con el belly dancing a lo reggaeton que con los concursos de belleza”, así me han dicho.

Ok, lo que veo con esos planteamientos es que el enfoque está en el “hacer algo” y no en el significado de lo que se reproduce. La solución que se normaliza es un parche. Vender la danza del vientre para la mujer que no se sienta sexy, parche. Para mantener la figura, seducir al marido, volverte más linda, más “empoderada”, parche.

Parche si no se atiende la raíz.

IMG_4653Usualmente, quien inicia el belly dancing lo hace porque quiere conectarse con su feminidad. Lo que he visto, como practicante, es que quienes se adentran en la práctica de manera genuina buscan explorar su cuerpo, entender la energía dentro de él y sí, fluir, gozar, reír.

Hay demasiada promoción de lo que provoca en otros el título de bailarina de danza del vientre (admiración, atracción sexual, envidia, estatus) y poca en los beneficios personales que esconde. 

Eso es lo que me preocupa y por tal razón, te planteo esta situación.

Seguramente, la puedes exportar a decenas de otras modas y tendencias de tu preferencia y encontrar similitudes o diferencias.

Te invito a hacerlo y preguntarte: 1) ¿en qué momento ocurrió la distorsión?, 2) ¿qué intereses alimentan? y 3) ¿por qué?

Cuando descubrí que no todas las mujeres valíamos lo mismo

Ante los imaginarios creados por los medios de comunicación.

IMG_2634.jpgA la izquierda está la única foto que me tomé en Ciudad de Guatemala. Por más que intenté, la ética no me permitía sonreír. Ver mis ojos a través de la cámara del teléfono fue confirmar que mi desconsuelo era un eco de la tragedia a mi alrededor.

Cubrir los días después del incendio en Hogar Seguro de San José de Pinula en marzo de 2017 fue desgarrador. Significó mi quiebre emocional, mental y físico por varias razones. En un período muy corto de tiempo vi, entrevisté y viví lo que era la violencia: estatal, directa, cultural y mediática a nivel internacional.

Hoy quiero compartirles sólo un breve relato de esa cobertura traumática que me hizo entender que, para ojos de las estructuras sociales (Estados, prensa, comunidades), no todas las mujeres valemos lo mismo.

He querido escribir esta lista en un esfuerzo por sanar una herida que aún no he podido atender del todo porque representó una puñalada a mi vocación por el periodismo y la responsabilidad social, algo que casi toda mi corta vida amé y defendí.

Ya no más.

  • El 8 de marzo, día del incendio, cubría la marcha de las mujeres en Ciudad de México. Me publicaron por primera vez unas líneas en The Guardian y mi emoción fue grande y a las horas, eclipsadas al ver la noticia en Guatemala.
  • Tuve una corazonada de que debía ir. Esa noche le escribí a múltiples editores para avisarles que iría a Ciudad de Guatemala, que quería cubrir la historia de más de 43 niñas asesinadas. Esperé un sí, luego un quizás y sólo recibí muchos “no”.
  • Las respuestas de los editores internacionales no me persuadieron. Fui porque sentía que debía contar esa historia, porque entendía que lo que ocurrió no era un suceso aislado, un feminicidio institucional en potencia.
  • Los días siguientes asistí a varias vigilias y charlas en Ciudad de México de feministas y activistas pidiendo justicia por las niñas de Guatemala. Sólo para encontrar que el clasismo y el racismo estaban a flor de piel. Escuchar a señoras, inclusive profesoras, en las vigilias decir que el suceso no sorprende porque “seguramente eran indígenas” y de paso, callando a otras guatemaltecas y guatemaltecos presentes por “no saber” cómo defenderse del Estado.
  • Para el lunes de la semana después, obtuve un quizás y llegué como paracaídas dispuesta a quedarme lo que fuese. (En este punto, quiero agradecer públicamente  la ayuda de dos colegas periodistas Joyce y  que me ofrecieron guía y fuentes)
  • Vi las ceremonias, asistí a las marchas, entrevisté a familiares de las niñas, percibí el dolor en las calles, la desidia de los hombres, la forma en que un hijo le decía a su madre que por qué perdía su tiempo en el tributo si las niñas “ya están muertas. Vámonos ya”.
  • Fui al instituto de ciencias forenses, caminé todas las calles hacia el sistema de justicia, buscando respuestas, viendo si el Gobierno decía algo.
  • Una abogada me presentó el vídeo inédito de 30 minutos de cuando sacaron las niñas del Hogar Seguro, vi sus cuerpos quemados, sus alaridos,cómo los vecinos las acostaban en el piso, cómo borrachos les tiraban lo que parecía ser alcohol en sus caras y se reían…se reían.

Para cuando envié nuevamente las historias con fotos y todo, los mismos editores que me decían meses atrás que para publicarme un reportaje de las mujeres y la paz en Colombia debía entrevistar a víctimas llorando, me negaron la publicación.

“Es muy local Natalia. No veo cómo puede interesar a internacional.”

“Es muy macabra la historia Natalia. No sé por qué buscas reportar cosas así de tristes.”

“41 niñas, son muy pocas. Escríbeme cuando suban a 50 y hablamos.”

Mi asombro y decepción fue tan grande que todavía no lo puedo describir bien aquí.

¿Cuántas niñas más debían morir?
¿Cuánto vale la vida de una niña? ¿Blanca, morena, indígena?
¿Cuánto vale la vida de una mujer?

¿Cuánto vale mi vida?

¿Por qué el valor de un ser humano se cuantifica?

Convencer para que publicaran fue muy desgastante. Sólo cuando vieron que más medios publicaban las protestas fue que decidieron enviar corresponsales de su plantilla pues… conocidos pues… de primer Mundo pues… porque sólo el Norte es neutral para contar asuntos del Sur, como una vez uno de los altos directivos de France 24 me dijo en la cara, como una vez un editor de BBC Mundo me explicó en una solicitud de empleo. Los latinos, ex colonizados, no nos sabemos reportar. No nos sabemos sentir, entender, explicar. Ese es el mensaje que recibí una y otra vez, que el buen periodismo viene de afuera, de periodistas del Hemisferio Norte llenos de muchas garras y sueños de cubrir el mundo, de decir que estuvieron en Colombia, Pakistán, Siria, Irak sólo para ganar el reconocimiento de sus colegas, ganarse premios y decir que trabajan por la responsabilidad social, es decir, ni por la violencia ni por la paz. (Que conste que, de los muchos que he conocido, sí hay colegas -y amigos y amigas periodistas- muy sensibilizados y conscientes de su mirada hacia el “Otro” y no caen dentro de ese patrón).

Peones de la industria, fuimos, somos y seremos peones de la industria. Una industria cuyo origen mercantilista no le permite sentir ni padecer. Una industria que premia la reproducción de la violencia y no visibiliza, en igual o mayor medida, las soluciones por la paz. 

La cosa es que yo me eduqué en el Norte. Con la mentalidad estadounidense. Con títulos de EE.UU., Puerto Rico, Inglaterra, España. Yo trabajé para empresas internacionales y sé muy bien cómo manejan los medios las noticias como productos.

Tal vez como periodista independiente fallé en que no supe vender bien las historias, no fui lo suficientemente sensacionalista en mis reportajes, no les daba la sangre que buscaban, el conflicto para vender más miedo e inestabilidad.

Y sin embargo… para la historia que sí reunía todos los requisitos, el país no era prioridad. No se podía llamar feminicidio a las “muertes de niñas quemadas”, no valía denunciar el trato infantil, el embarazo adolescente, la violencia sexual, los abortos clandestinos, el miedo que viven día a día en sus casas, en las calles, escuelas, espacios de trabajo y frente al gobierno las mujeres.

Porque, eso es muy local. Muy macabro. Muy de pobres. Muy de unos pocos dejados a su suerte y que ante las miradas de gente en el poder (de afuera, que alimenta el morbo -y no el genuino interés- por lo exótico), sus vidas y lo que ocurra en ellas no valen.

Yo no quiero extenderme más. Como leerán, me queda mucho por trabajar a nivel interno esta historia que me llevó a emprender, no sólo el mapa documental Ser mujer en Latinoamérica, sino mi propio camino de sanación y espiritualidad.

Sin embargo, entiendo que, este escrito, es un paso necesario para continuar mi sanación y el estudio multidisciplinario hacia la paz de género. Para conciliarme con una profesión que me dio mucho, que tiene el potencial de ayudar a tantas personas, si es que los que toman decisiones en los burós dejaran de ser consumidos por la rutina y la venta. Si es que entendieran que detrás de estas letras, hay humanos y humanas viviendo historias y que no todas, para ser historias dignas de ser contadas, tienen que ser violentas.

Me consta que somos más las personas que trabajamos por la paz, que aportamos nuestro granito de arena, que queremos el bien para esta sociedad. Me consta que somos más y que el miedo, la violencia que percibimos es sólo un imaginario creado por la maquinaria mediática, un mecanismo para mantenernos adormecidos y bajo control.

El miedo paraliza, el miedo nos corrompe, el miedo nos aleja del amor.

El miedo no nos deja ver la solución. Nos quita responsabilidad de nuestras vidas, pensamientos y actos. Delegamos esa tarea a alguien más que nos cuide, nos proteja, nos quiera en el bien y no en la maldad.

Ojalá llegue el día que no miremos a la prensa para validar nuestra existencia. Que no busquemos prestarle atención a lo que ocurre en nuestra casa, vecindario, pueblo o nación sólo cuando alguna figura ilustre, Nobel de la Paz, cantante o presidente reaccione ante los medios de comunicación.

No deleguemos el poder de reconocer nuestra valía a estructuras estatales, mediáticas, religiosas o culturales. Aún este escrito te creará un imaginario y sé que no tengo control alguno de tu interpretación.

Por tal razón, les invito a educarse en lectura crítica de medios, a entender cómo tu realidad ha sido construida por los medios que consumes (radio, tv, redes sociales, periódicos, libros, memes, canciones, etc). Les invito a examinar el origen de sus creencias, si realmente son suyas o se las han inculcado de manera directa o indirecta.

Sólo les diré que mi intención con este escrito es hacer catarsis de mi historia, adueñarme de mi presente y dejar atrás los capítulos inconclusos de mi pasado como periodista, amiga, ciudadana, mujer y ser. Sólo así reafirmaré mi compromiso por la paz por y para todas: despojándome del dolor de las memorias que marcaron mi vida e invitándoles a ustedes a tomar las riendas de sus procesos de transformación.

Sólo así construiremos paz… no en teoría, sino convirtiéndonos en ella en la práctica cada día y…los días que hagan falta.

Si aún no sigues el reto de 21 días Volver al Amor, te invito a conocerlo en este blog. Es un esfuerzo dirigido a conocer los desequilibrios de energías y la fuente de vibración para entender cómo podemos sanar interna y luego colectivamente.

Si llegaste hasta aquí, gracias por tu tiempo. Gracias por leerme.

Te mando mucha luz,

Natalia

Sanadoras Ep. 2: Emotiva-Mente

En este nuevo episodio entrevisto a Sussie Pérez, coach de vida y directora de Emotiva-Mente.

Sussie imparte Mujeres que danzan con lobos, un programa vivencial de corporalidad y energía inspirado en las enseñanzas de la famosa obra literaria de Clarissa Pinkola Estés.

Con su trabajo, la joven española radicada en México ha ayudado a docenas de mujeres a desaprender patrones culturales de violencia, sumisión; a reconocer y abrazar su esencia.

Del arquetipo de la hechicera, la loba, el equilibrio de energías femeninas y masculinas y mucho más, hablamos en este vídeo.

Un alter ego para descubrirse ella misma

Maribel De La Vega posee un aire de misterio y liviandad. La joven emprendedora detrás de la inspiradora plataforma Yo soy Antonieta tiene un gusto peculiar en encontrar belleza y valor en las pequeñas cosas. No es de extrañarse que aviste señales del universo y motivos para sonreír en su andar.

Creó un alter ego para canalizar los mensajes y las historias que no se atrevía a decir. Con el tiempo, vio crecer sus seguidoras en las redes sociales a la vez que encontraba paralelos entre mujeres históricas como María Antonieta y Antonieta Rivas Mercado con su carácter.

Y reconocer esos rasgos le permitió liberarse de ataduras internas y del miedo al qué dirán.

Ahora Maribel escribe, imparte conferencias y exhibe una propuesta única con referentes oníricos y tonos rosados al mundo. Sus herramientas y talleres de desarrollo personal y empoderamiento femenino han ayudado a cientos de mujeres a recuperar su magia en México y a través de Latinoamérica con sus interacciones online.

“Inhala vida, exhala magia” es el slogan de uno de sus múltiples productos que celebran la femineidad y nuevos estilos de vidas más auténticos y, por ende, mágicos.

Por el lado de Atelier, la empresa prevé fortalecer el interés por las piezas vintage y de segunda mano para contribuir a la industria de la moda sostenible.  Hoy cuenta con nuevos bríos para impulsar esta empresa que resalta el poder de la feminidad y la sororidad.

Para 2018, Maribel se prepara para lanzar un nuevo taller sobre las fases de la Luna y tiene en sus planes, lanzar su propio oráculo de cartas en un esfuerzo por inspirar a las audiencias a disfrutar la magia del “hilo de la vida” sin temerle a los principios o finales de los capítulos que conforman nuestra historia terrenal.

 

 

Para alcanzar la paz social

Ser mujer en Costa Rica fue el quinto evento en vivo para la grabación del mapa documental Ser mujer en Latinoamérica.

A continuación expongo un apunte de viaje de la actividad que tuvo lugar ayer en San José de Costa Rica:

Ayer mi camino me llevó a comprender que no es posible alcanzar la paz social sin sentir paz interior.

Que no seremos capaces de visualizar soluciones si sólo somos proyecciones de violencias. Si no hemos experimentado la catarsis, si no hemos visto nuestra sombra y si no hemos hecho paces con ella. No seremos capaces de apreciar y caminar hacia la luz.

Solían decirme en uno de tantos ejercicios que no podíamos ver en otros lo que no habíamos reconocido dentro. Que sólo podíamos atribuírle a otros lo que teníamos dentro. Ayer lo comprobé, ayer este círculo de mujeres en San José marcaron muy profundamente mi vida.

Que no se nos olvide este próximo 8 de marzo que fuego contra fuego no apaga incendios. Que la lucha feminista puede dejar de ser una “lucha” y que no tiene que, por obligación, adoptar fuerza masculina. Que en la femineidad también hay una gran fuerza y que esta no tiene por qué ser sexualizada u objetivizada ni por los hombres ni por otras mujeres.

Que los puños de los posters y la rabia de las injusticias de este sistema no nos engañen y nos vuelvan presas (o más víctimas) del ciclo de violencia al que buscamos un fin.

Que ojalá y no nos volvamos borregas ciegas en las marchas para demostrar poder, valor, echar miedo a los hombres ni mostrar cuán activistas o feministas somos ante otras mujeres.

No le deleguemos la solución a la violencia de género al Estado. No condenemos a los hombres por “siempre hacernos daño”, no le demos tanto poder a quienes también son resultados de un contexto de creencias.

Empecemos por nosotras mismas, por equilibrar nuestra relación con la luz y la sombra, lo femenino y lo masculino. Sanemos nuestra relación con el linaje de mujeres y hombres que conformaron y conforman nuestros círculos más inmediatos. Eduquémonos en quiénes somos, contestemos esa pregunta y veremos que la complejidad local, nacional, mundial no es tan determinante como imaginábamos.

Deconstruyamos hasta el tuétano el ser para construir lo nuevo. Fomentemos procesos paralelos con otras identidades de género, liberémonos y ayudemos a liberar. Hablemos y actuemos por soluciones a la violencia de género, sí, y recordemos construir la paz de género. 

Que las etiquetas de los movimientos y los sucesos que definieron nuestra historia no nos encuadren. Porque si hablamos de qué es ser mujer en Latinoamérica hay que cuestionar también que es ser hombre en Latinoamérica y las múltiples identidades de género.

Atrevámonos a vivir la mayor revolución: el camino hacia el ser.

Seamos.

“Darkness cannot drive out darkness; only light can do that. Hate cannot drive out hate; only love can do that.” – MLK

 

Para participar del mapa documental Ser mujer en Latinoamérica escríbenos a nbmediaprojects[at]gmail[dot]com.